Simulación inepta

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Carlos Ortiz Moreno

Los asesinatos de la doctora Reyna Valenzo Pérez y de la joven Itzel Vega Radilla deberían mover a una explicación oficial de cómo están operando las bandas delincuenciales en zonas específicas de Acapulco y las que, presumiblemente, cuentan con la protección de policías que tendrían que vigilar y contraponer sus actividades ilegales.

Es un secreto a voces que la avenida Universidad es una vialidad muy peligrosa que tiene diversas conexiones que se convierten en rutas de escape aparentemente seguras para quien comete un delito, el que sea. Sus salidas son vericuetos que llegan a la zona turística, a las calles intermedias que convergen en Cuauhtémoc y de ahí a perderse en las colonias del anfiteatro o salir del casco urbano.

Sin que esto sea una justificación para ubicar ese móvil de ambos asesinatos, todo mundo sabe que se han registrado diversos casos de robo de vehículos, uno de los principales delitos cometidos en ese sector, que se han reportado en redes sociales y han llegado a las mesas de los ministerios públicos sin mayor seguimiento que la nota periodística.

Aunado a la guerra que diariamente sostienen los grupos delincuenciales por el control de territorios para la venta de drogas al menudeo, hay una fuerza que ataca al ciudadano indefenso, a la mujer que transita solitaria o a quien no puede defenderse siquiera de alguien con un cuchillo en la mano y ya no con un arma de fuego en su contra.

¿Quién opera esa ilegalidad? ¿Qué fuerzas malignas se ciernen sobre este Acapulco tan dolido y ensangrentado por tantos crímenes cometidos? ¿Por qué no se informa a la sociedad cuál es la operatividad real de la seguridad pública y saber, por ejemplo, cuántas cámaras hay, cuántas cámaras sirven y quién las opera?

El ciudadano no puede seguir bajo la zozobra de esa circunstancia que pone en riesgo, principalmente, a las mujeres que circulan por ahí en sus vehículos. El ciudadano no tiene que conformarse con las explicaciones estúpidas de que “no se puede dilucidar públicamente un caso por el nuevo sistema penal acusatorio”. Ya no se puede argumentar esa tontería.

Estamos en manos de delincuentes que aprovechan cualquier rendija para escapar de la ley, pero también estamos ahogándonos en sumisiones y en importapoquismo que, tarde o temprano, nos alcanzará con sus nefastas consecuencias.

No resulta pose el exigir a las autoridades ¡ni un muerto más! y ¡basta de simulación e ineptitud!

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