El voyerista

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Alfredo Guzmán Espinoza

¿Mi utopía, México?

Cuando la gente se mueve por utopías, las logra.

Alfredo Guzmán Espinoza

Cuando recuerdo por qué se mueve la gente, reconozco que cuando ya en México, hemos estado al punto del rompimiento, surge el acuerdo y la política, tiene su efecto balsámico, reparador.

Cuando muchos suponían que al momento del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, catalogado por los panistas, como un peligro para México y por algunos priistas, como la catástrofe social, que surge José Antonio Meade Kuribreña, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), del partido en el gobierno y reconoce los resultados y nombra al ganador.

Eso generó en muchos escozor, en otros asombro y en los más esperanza.

¿Esperanza en qué?

En que el cambio sea para bien y no para mal. Claro que habrá y siempre existirá quien ante un mundo desordenado y una sociedad dañada, reclame, como en el pancracio de la lucha libre y en el anonimato, grite ¡sangre! Y la gente entusiasmada y en el ambiente, le regrese al unísono una rechifla, recordándole a su progenitora.

Así me imagino a la sociedad en este momento, donde habrá quienes griten “quiero ver sangre” y otro le grite “vete al rastro.”

El ambiente no está para bollos y por eso los actores políticos, acostumbrados a la presión, saben que la política es de altibajos y decibeles. Puede subir al máximo, pero tiene que bajar y todos quietos.

El arte de estirar la liga y decir, “parque, liga, ligazo” es el arte del intercambio, del juego de la vida y de la concesión y negociación obligada. O la guerra, también.

Donde hay paz, puede haber guerra, donde el problema no es quien ni cómo empieza, sino cómo terminarla. Y hacer el recuento de los daños.

En este escenario, reconozco que la mayoría de las propuestas de campaña, se fueron y no regresarán. Pero con que se queden las más importantes, me conformo.

Paz, confianza, no corrupción, no impunidad y mayor transparencia. Con eso, podemos iniciar un camino diferente.

En este país de utopías, tener confianza en nuestras instituciones, hace falta.

Por ello, cuando leo que en la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), se ponen los acentos en las íes, y que el candidato ganador ya con nombramiento oficial y en breve constitucional, escucha y asiente y les dice “calma, no habrá avasallamientos ni abusos”.

Surge la esperanza de que el cambio sea para bien y no para confrontarnos y encontrar en el caos, fuerza para enderezar lo mal andado y reconocer lo que se ha hecho bien.

Y la confianza en las instituciones, fortalece todo. Porque esas instituciones son más fuertes cuando estamos unidos.

Y habrá tiempo para solicitar que los olvidos, que los agravios y que los que han cometido abusos y excesos, sean sancionados. Y que quienes han trabajado por una sociedad mejor, sean premiados.

Y para quienes desde el anonimato griten “sangre” al unísono la misma sociedad les regrese una sonora rechifla, mandándolos a ver si ya puso la puerca.

Así sea.

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