Sin medias tintas

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Jorge VALDEZ REYCEN

• CETEG perdió principios de lucha
• Turba de vándalos, chantajean
• Unificaron a todos… ¡en su contra!

Identificados plenamente como los artífices de vandalismo y bloqueo de la Autopista del Sol, los cabecillas Arcángel Ramírez Perulero, Antonia Morales, Gerardo Parra Gerónimo, Roberto Morales Rodríguez, Jorge Basilio Urbano y Manuel Venancio Santiago podrían enfrentar cargos del fuero común y federal por diversos delitos que, por su gravedad en la comisión en pandilla y delincuencia organizada, no alcanzan libertad bajo fianza y penas penitenciarias hasta por 20 años de cárcel.

Este podría ser el epílogo de una lucha magisterial extraviada en sus principios de resistencia civil que se transformó en turba de vándalos. No hay espacio para dudas, ni titubeos: han roto ellos los canales de discernimiento y civilidad para alcanzar objetivos ajenos a lo que enarbolan.

Del chantaje han transitado abiertamente y sin taxativas a la ultra violencia, la anarquía y el rompimiento del marco legal con su lucha provocadora para que entre la fuerza pública a confrontarlos y entonces esgrimir “represión” y “cerrazón” del gobierno. Nada es más falso.

La CETEG perdió los principios de su lucha. Lo sabe Arcángel Ramírez Perulero y su pandilla de tapados del rostro. Es rabiosamente inequívoca la pérdida de una resistencia civil que pretende arrancar violentamente “acuerdos”, que son chantajes y berrinches a todas luces.
Como en su momento lo hicieron Ramos Reyes Guerrero, Minervino Morán y Gonzalo Juárez al frente de la CETEG como ariete golpeador, que se diluyó en traiciones y componendas, hoy nuevos dirigentes “espurios” –como los llamó el Congreso interno magisterial a Arcángel y palomilla— pretenden exactamente lo mismo que sus antecesores y ante la misma autoridad que los descalificó, exhibió como corruptos y traidores a las causas magisteriales.

Todo es un coctel explosivo de componendas entre quienes ya actúan como grupos del crimen organizado, cuyas acciones se tipifican como delincuencia y adquieren niveles alarmantes y preocupantes para la gobernabilidad a la que desafían con sus fallidas acciones de resistencia a la reforma educativa.

Aquí hay personas con nombres y apellidos que están plenamente identificados como autores de hechos delincuenciales graves que convirtieron la sede parlamentaria en su desahogo de ira y rabia por el severo desgaste y la etapa terminal de su “lucha” carente de apoyo popular y sí han unificado al pueblo de Guerrero… ¡pero en su contra!

Los argumentos bestiales de destrozar mobiliario y ese vandalismo feroz contra las oficinas de diputados no se inscriben dentro de esa lucha. Lo contrario, se da rienda suelta al salvajismo amparados en la impunidad. Ninguna de las más de 200 órdenes de aprehensión que seguramente existen en juicios penales ordenadas por jueces se han ejecutado por parte de la Representación Social.

Guerrero no puede repetir escenas de ingobernabilidad y brutales expresiones de violencia absurda, irracional, demencial. Más aún, cuando es sacudido por una espiral de esa violencia entre grupos ligados al mercado de enervantes, 

así como delitos de alto impacto social.

La CETEG es insensible, omisa e indolente al calvario de miles de víctimas por esa violencia. Son mezquinos y abusivos, porque en su momento lucraron con el dolor de Los 43 normalistas de Ayotzinapa y ahora “reviven” su oposición a la reforma educativa. Hoy les vale madres y solo buscan su chantaje y obtener plazas, engrosar sus filas de energúmenos que se dicen maestros y gozar de privilegios arrancados miserablemente al gobierno con presiones y usos bastardos de lucha civil.

Los miles de usuarios varados en la autopista estuvieron a punto de enfrentar a golpes a los bloqueadores. Un elemento adicional que pudo ser explosivo y se evitó… pero ¿hasta cuándo?

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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