Cómo se hizo el gol más bello de los mundiales

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El día que Manuel Negrete anotó el gol más bello con la Selección Nacional, se levantó a las ocho de la mañana. Desayunó ligero en la concentración, fruta con pan tostado y entonces concentró sus pensamientos hasta convertirlos en buenas vibras para que México clasificara a los cuartos de final de su Mundial.

A las 12:24 de aquel 15 de junio de 1986, bajo un sol cetrino que hacía sudar a todos los presentes con un fuerte calor, como si el Azteca estuviera encerrado bajo una campana de cristal, Negrete se tiró a casi un metro de altura para conectar de tijera el balón alto que le puso Javier Aguirre y colocarlo en la esquina izquierda de la portería de Borislav Mihalov, el arquero búlgaro. Incluso, mucha gente quedó captada en las fotografías históricas con la boca abierta. El propio lance los había maravillado, el gol los dejó en el éxtasis.

Negrete hizo un alarido de ¡gooooooool! que le salió desde el diafragma. Vivió su momento.

“Jamás imaginé la jugada como tal sino que recé antes de salir para un partido importante como ése. Todavía recuerdo que el Abuelo Cruz, Rafael Amador y yo bromeábamos un poco. Al anudarme mis zapatos oí un estruendo en el Azteca. Sospeché de cualquier forma que no sería un partido normal”, relató.

México salió agresivo con la pelota, “porque sabíamos que la única forma de desarmar a los búlgaros era tocando de primera intención. Ellos traían un buen equipo que, por ejemplo, le sacó el empate a Italia, campeón del mundo”.

De pronto vino la jugada en trazos largos y expandiendo la cancha. Hugo Sánchez la trató de controlar, pero el rebote de un defensa hizo viajar el esférico hacia el medio campo donde la controló Rafael Amador, la cedió rápido para Negrete, quien miró de reojo a Javier Aguirre para moverse en diagonal para una pared cantada. El Vasco apenas pudo tocar el balón cuando regresó un pase muy arriba que Manolo, con esa clase privilegiada de su pierna izquierda, empalmó de tijera.

“Fue tan repentino todo, pero hay un secreto en esto: la lengua. A mí me sirvió siempre de veleta. Nunca en mi carrera hice un remate de tijera o en el aire sin sacar la lengua, era algo instintivo. Cuando caí al pasto retumbó el grito de gol. Algo que me trae muchas alegrías, porque es un momento irrepetible. Levanté los brazos y sabía que ya no nos iban a ganar. Tomás Boy de regreso al medio campo me dijo, ‘¡bien cabrón!, muy bien’, pero en el medio tiempo no se habló de mi gol sino de ganar el partido”, relata Manuel Negrete a 30 años del suceso.

La crónica de Excélsior testimonió aquel juego como el mejor de México en lo que iba del Mundial. Después vendría un gol más de Raúl Servín de cabeza a pase de Manuel Negrete, con lo que el Tri le ganó 2-0 a Bulgaria, cuyo entrenador, Ivan Butsov, renunciaría llegando a su país, aunque el guardameta Mihalov tendría su revancha en Estados Unidos 1994 eliminando a México en octavos de final.

La fiesta se desbordó en todas las ciudades del país. México emulaba su mejor actuación como en la Copa del Mundo 1970, pasando a los cuartos de final. Había una confusión, la gente en el Ángel de la Independencia o en los centros de reunión creía que el rival saldría del ganador entre Bélgica y la Unión Soviética, pero la tremenda verdad, era que Alemania se perfilaba como el oponente y Bora Milutinovic lo sabía. “Hemos hablado con el Comité Organizador y no hay vuelta de hoja, es Alemania o Marruecos, pero contra cualquiera estamos para ganar la Copa del Mundo porque hay que soñar en grande”.

Negrete, al terminar el Mundial, emigraría a Portugal para jugar con el Sporting. “Ahí me recibieron con alegría pidiendo que les relatara el gol”. Incluso, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en su última visita a México, dijo que lo que más recordaba del Mundial de 1986 era el bello gol de Negrete.

La obra de arte que nació de un error del Vasco

Mucho más maduros y mansos, “porque ya no somos tan volcánicos como antes”, dice Manuel Negrete, él y Javier Aguirre han tenido la oportunidad de hablar en sobremesa del gol de tijera de 1986.

Entre el carácter burlón de ambos y sus constantes sátiras, se han dicho que uno sin el otro no hubieran conseguido algo. “Le he comentado siempre que es medio tronco, pero sabe que es broma, porque el pase que me dio fue infame, muy alto, pero  se equivocó para bien porque cuando la vi a esa altura no dudé en hacer la tijera”, relata Negrete.

Javier Aguirre siempre tiene un chascarrillo en la manga. “Fue un pase de dioses”, pero en el fondo reconoce que fue un mal servicio. “La jugada no era así, pero salió de esa forma, sucede que Manuel Negrete con esa gran técnica que tenía la recuperó con el remate. Bulgaria tenía defensas que te caían en el momento justo, entonces nos dijeron que debíamos tocar de primera intención y fue lo que hice, pero no muy bien, al menos cayó a la zona donde estaba Manolo para que le pegara”.

La explicación física del Vasco es que el esférico le quedó un poco atrás e intervino mucho la suerte para que terminara así la acción, aunque la clase de Negrete arregló muchas las cosas.

“Esa tijera nos sorprendió a todos. Fue tan bello el gol que corrí a buscarlo sin saber qué hacer, por eso se me ocurrió jalarle el pelo y darle un zape, porque si lo abrazaba le iba a ensuciar la fotografía, era su momento, lo gritó a tope. Nadie tenía derecho a salir a cuadro más que él”, dijo.

Negrete afirma que no sintió el jalón de cabellos: “en ese momento estaba con una descarga de energía que me eclipsaba. Hasta después vi que el Vasco me dio un golpe y el jalón que hasta me dije, me las voy a cobrar”. Entre broma y broma, 30 años después, siguen recordando un remate digno para enmarcar. Tomado de Excelsior 15/06/16

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