Views: 236

Con dedicatoria a los políticos soberbios

(casi todos)

Javier Morlett Macho

Quien gobierna, lo hace a partir de las capacidades de su “capital intelectual”. Este capital es en parte experiencia y en otra formación teórica, filosófica o ideológica. Ambos aspectos del capital intelectual no son independientes.

La riqueza de la experiencia que se acumula es dependiente de la formación teórica del dirigente. Si esta formación es pobre el hombre acumula mucha experiencia pobre. La experiencia será más rica si su formación teórica es amplia.

Por consiguiente, la experiencia se devalúa si se congela la formación intelectual. Los políticos envejecen cuando pasan a vivir sólo de su experiencia.

Todo estadista es, en parte, prisionero de la necesidad. Se ve enfrentado a un ambiente que él no creo y está capacitado por una historia personal que ya no puede cambiar. Es una ilusión creer que los dirigentes ganan en profundidad de pensamiento a medida que ganan experiencia.

En realidad las convicciones que los líderes han adquirido antes de llegar a los altos cargos son el capital intelectual que consumirán mientras estén en funciones.

Es ingenuo pensar que un político se convertirá en un sabio bondadoso al momento de asumir el cargo por el simple hecho de asumirlo. Pesan sobre él sus circunstancias, su capital intelectual e ideológico que lo limita para hacer de sus experiencias un enriquecimiento de su capital político.

Diría mí papá:

“Chango viejo y necio, NO aprende maroma nueva “.

 

error: Content is protected !!