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Sin medias tintas

Jorge Valdez Reycén

  • El caso Ranferi Hernández Acevedo
  • Las 3 líneas de investigación de la FGE
  •  ¿Crear un clima de inestabilidad a HAF?

Las tres líneas de investigación que desarrolla la Fiscalía General del Estado (FGE) en el multihomicidio de Ranferi Hernández Acevedo, su esposa Lucía, su suegra y su chofer, tienen qué ver con el entorno familiar, la delincuencia organizada y su actividad partidista disruptiva en el PRD y pro AMLO.

Es claro que no se abordarán en los medios los avances del proceso investigativo, pero tampoco existe una limitante para que los medios analicen la vida pública de Ranferi antes de su homicidio y posterior al hecho. Su sobrino es el alcalde de Ahuacuotzingo, donde residía y desde donde viajaba hacia Chilapa, cuando fue interceptado en las inmediaciones de Nejapa por los homicidas.

El modus operandi de acuerdo a la escena del crimen –si fue preservado— deriva en la recolección de evidencias forenses, estudios y peritajes con fotografía, balística, y cómo deliberadamente intentaron los autores materiales borrar pistas al incendiar la unidad automotriz, con los cuerpos de las dos féminas y dos masculinos en su interior, pero no en sus asientos.

Desde hace meses existe un fuerte operativo táctico militar-policiaco en la región cercana a Chilapa, Zitlala y localidades aledañas. La autoridad que reportó el suceso, en la cronología del caso, establece que no pudieron haber transcurrido dos horas antes. Esto es que el hecho se perpetró entre las 14.00 y 15.00 horas… el reporte fue a las 17.15.

Y las últimas actuaciones en el sitio habrían concluido ya entrada la noche. ¿Quiénes sabían de su viaje? Sin duda la familia deberá aportar datos sobre el motivo de ese viaje y quiénes más supieron, para que los investigadores puedan establecer si en el entorno familiar pudo alguien participar en la autoría intelectual.

Respecto a la línea del crimen organizado –por la forma cruel, con saña, de calcinar a todos los ocupantes— los investigadores de la FGE habrán de agotar que Ranferi, su vehículo (la Ford Escape) y su chofer tenían arraigo en esa zona, eran conocidos al igual que su actividad política-partidista y de cercanía con la autoridad municipal de Ahuacuotzingo, por el parentesco directo con el alcalde. Se descarta que haya sido una confusión, puesto que se sabía la fama pública del exdirigente perredista en toda la región de la Montaña baja.

También existe la hipótesis del asalto y robo, pero si los perpetradores hubieran obtenido un cuantioso botín, pues entonces no habría necesidad de privarlos de la vida a menos de que hayan sido reconocidos y advertidos de que habría consecuencias. Eso los obligaría a tomar una decisión fatal y drástica.

La actividad política-partidista de Ranferi no era ostensible, ni representaba una expectativa. Era un perfil de mediano-bajo al anunciar su inclusión en un frente de apoyo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, por MORENA. Su línea disruptiva en el PRD no habría sido gravosa ni llena de escándalo. Tampoco se conocía de diferencias entre grupos afines a su movimiento, al contrario, era de un perfil muy bajo, casi inadvertible.

La más preocupante, como peligrosa línea de investigación, y que sería improbable su demostración en actas ministeriales, podría ser la orquestación de un plan deliberado de ultimar a cabecillas visibles de la lucha social y de nexos con actividades antisistémicas, con intenciones de crear un clima de inestabilidad al gobierno estatal. Y detrás podrían estar no solo grupos de la delincuencia sino también quienes apuesten a un panorama de ruptura constitucional.

Las indagatorias ministeriales no pueden soslayar ningún campo obligado, aún cuando exista el impedimiento expreso de que ningún servidor público, trabajador del Poder Judicial, ni empleado gubernamental podrán reclamar un millón 500 mil pesos de recompensa si llegaran a proporcionar datos, evidencias y pistas veraces que permitan detener a los presuntos responsables del homicidio masivo.

Lo cierto, es que hay altas probabilidades de que el caso Ranferi quede en la impunidad, o se pierda en el enorme y voluminoso trabajo de un puñado de investigadores que están rebasados en su capacidad por la cantidad de expedientes que se han rezagado.

Nos leemos… SIN MEDIAS TINTAS.

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